Otilia Vargas, madre de cinco combatientes del MIR caidos

19 de enero de 2001

Deseamos decirle que usted y sus hijos son el rostro real de Chile que la historia escribirá, y no la imagen de cobardes y vende patria militarotes que desgraciadamente nacieron como seres humanos. Sus hijos y usted, compañera Otilia, representan la capacidad de crear, de pensar, de amar el amor. Nada podrá reemplazar a sus hijos, lo sabemos, pero la sentimos tan gallarda y orgullosa que deseamos decirle con toda nuestra humildad que usted tiene millones de hijos que siguen sembrando las semillas que sus hijos nos entregaron.”

ESE INMENSO DOLOR

Editorial


OTILIA Vargas en el Memorial donde descansan los restos de dos de sus cinco hijos asesinados por la dictadura militar.

Al cierre de esta edición se encontraba internada en grave estado en el Hospital José Joaquín Aguirre la señora Otilia Vargas, madre de los cinco hermanos Pérez Vargas, militantes del MIR, asesinados por la dictadura militar, dos de ellos detenidos desaparecidos y otro, Dagoberto, sepultado quizás dónde, arrojado al mar o exhumado y triturado por un bulldozer, quién sabe.
La Otilia, una maestra primaria que el próximo 15 de abril cumpliría 76 años, está muriéndose del “mal de Chile”, ese azote que empezó el 11 de septiembre de 1973 y que ha golpeado a miles de familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos. Por eso, cuando escribo de ella, rogando con fervor al Dios de mi infancia que no se nos muera, pienso también en todas las mujeres chilenas que sufren el mismo horror de ver burladas sus esperanzas. O en las que ya murieron sin recibir un gesto humanitario de los que saben y callan, de los que mandaron matar y ocultan su vergüenza detrás de rostros impenetrables. Por ahí andan paseándose monstruos de inhumanidad como Marcelo Moren Brito, “El Coronta”o “El Ronco”, que disfrutaba pasándole una camioneta sobre las piernas a los detenidos, o Miguel Krasnoff Marchenko, “Capitán Miguel”, el más duro entre los criminales de la DINA, o Arellano Stark, el jefe de la Caravana de la Muerte, o Augusto Pinochet, el capo de la mafia. Todos altos oficiales de un ejército que se envileció celebrando como heroicas batallas lo que no fueron sino asesinatos de miles de hombres y mujeres, ancianos y niños, en su mayoría inermes y con las manos arriba. O los que murieron en el horror de la parrilla, el submarino, el teléfono, el “pau de arara” y las violaciones por la vagina y por el ano en cuarteles de la DINA y la CNI atendidos por elegantes oficiales del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y Carabineros que después de la “jornada de trabajo” se iban con sus familias a sus clubes de campo o a emborracharse en los casinos de sus unidades.
Otilia Vargas ha sido siempre animosa, de físico frágil -“en la escuela nadie podía creer que yo había tenido seis hijos”, contaba-. Pero es de carácter fuerte y tiene un sutil sentido del humor. Está casi ciega y aunque no puede leer siempre está atenta a las noticias en la radio y la televisión. Con Flora, mi mujer, fuimos a tomar onces a su casa el sábado 6 de enero. Había estado unos días en cama porque sentía agudos dolores en una pierna. Pero ya podía levantarse aunque con ayuda y caminó apoyada en un bastón la corta distancia entre su cama y la mesa del comedor. Es una casa pequeña -que parece más grande desde que murió su esposo, don Osvaldo Pérez-, donde Otilia vive con su hija Patricia. Alguna vez a esa casa llegaban otros cinco hijos, Dagoberto, Aldo, Carlos, Iván y Mireya, todos asesinados por la dictadura militar. Ese día la encontramos muy desmejorada y deprimida -lo que no es natural en ella-, sobre todo muy agitada y tensa. La tenían así los anuncios de que las FF.AA. y Carabineros, por fin, habían decidido hacer lo que hacen los hombres: decir la verdad y afrontar la justicia. Otilia esperaba con angustia el discurso que la noche del domingo haría el presidente Ricardo Lagos para informar qué pasó con los detenidos desaparecidos y dónde están sus restos. Como miles de madres, esposas y hermanas, ella quería saber. Pero se debatía en una terrible contradicción: “No sé qué voy hacer si me llama de La Moneda la María Luisa Sepúlveda y me dice dónde están mis hijos. A veces pienso que no quiero ver esos huesos y que me digan: estos son sus hijos. No sé si quiero saberlo, no sé”. Otilia de alguna manera ya ha pasado por esa experiencia. Sus hijos caídos ocupan una página completa del Informe Rettig. Los mellizos Iván y Mireya, estudiantes universitarios de 21 años, asesinados en febrero de 1976, descansan en el Memorial del Cementerio General. Pero los restos del hijo mayor, Dagoberto, sociólogo de 27 años, que cayó enfrentando un allanamiento de la DINA en una parcela de Malloco en octubre de 1975, no han aparecido. Mientras Carlos, publicista de 25 años, y Aldo, estudiante de 23 años, son detenidos desaparecidos desde septiembre de 1974. La propia Otilia y su hija Patricia tuvieron que pasar a la clandestinidad antes de lograr refugiarse en Cuba donde las esperaba don Osvaldo Pérez. La traumática experiencia de huir de la DINA durante meses causó un daño psiquiátrico irreversible a la joven Patricia.
Le dije a Otilia que no se hiciera muchas esperanzas, que seguramente los “valientes soldados” entregarían unos pocos nombres de detenidos desaparecidos para seguir negociando la impunidad; que todavía pasaría mucho tiempo antes de saber la verdad verdadera. Sin embargo, me di cuenta que ella tenía una enorme esperanza en el discurso del presidente Lagos. Estaba perfectamente al tanto del procedimiento que seguirían para notificar a los familiares “sorteados” por el arrebato de sinceridad y honor que parecían experimentar las FF.AA. y Carabineros, empeñados en salvar la mesa de diálogo.
Pasó el discurso de Lagos del 7 de enero, y nada. No mencionó nombres. Y Otilia se puso peor. El lunes la llamé y me preguntó si “sabía algo”. Era una manera de decir: “¿han dado algún nombre, sabes algo de mis hijos?” El martes 9 apareció en “La Nación” la lista de los 200 detenidos desaparecidos presuntamente arrojados al mar o sepultados en fosas que todavía no se pueden ubicar. Pero en la lista no estaban los hijos de Otilia como casi ningún mirista, excepto los hermanos Mario y Nilda Peña Solari, estudiantes de 21 y 23 años, secuestrados en diciembre de 1974 y torturados hasta morir en La Venda Sexy y en la Clínica Santa Lucía del general Contreras y sus rufianes. Ese día hablamos de nuevo con Otilia que no sabía lo publicado en “La Nación” y se lo dijimos con René Valenzuela, un amigo de muchos años. Otilia no hizo comentarios. Simplemente se hundió en su dolor. Tres días después hubo que trasladarla en ambulancia al servicio de urgencia del Hospital J. J. Aguirre. Presentaba fiebre, deshidratación y una hemorragia digestiva alta. Los exámenes acusaron después un tumor en la vesícula que obligará a intervenir a los cirujanos. La insidiosa enfermedad, opinan los médicos, pudo haber sido detonada por un factor sicosomático como su profunda depresión. Fieles amigas están preocupándose de ella, haciéndole sentir su afecto y preocupándose de solucionar los agobiantes problemas económicos que crean las hospitalizaciones a las familias modestas.
Lo importante ahora es que Otilia vuelva a sentir interés por vivir para que afronte la operación en buenas condiciones.
Su caso es el de muchos familiares de detenidos desaparecidos, cuya tragedia se ha visto agudizada por esta nueva crueldad a que se les ha sometido. Esta burla sangrienta debería impulsar con más fuerza la demanda de verdad y justicia. Convocar a amplios sectores sociales y políticos como se hizo en la lucha contra la dictadura, para retomar ese impulso democratizador que se quedó en el camino. Es la mejor manera de solidarizar con mujeres como Otilia Vargas, que algún día serán honradas por la Patria como ejemplos de coraje
MANUEL CABIESES DONOSO

MENSAJES PARA LA SEÑORA OTILIA VARGAS
(A propósito del
editorial de PF 488)
Querida compañera Otilia: hoy es un día importantísimo para nosotros. Hemos tenido la enorme posibilidad de participar en una acción anti imperialista en nuestra querida Habana por el derecho a pensar, amar y vivir. Pero en el mismo día hemos conocido su historia y su enorme valor. Deseamos decirle que usted y sus hijos son el rostro real de Chile que la historia escribirá, y no la imagen de cobardes y vende patria militarotes que desgraciadamente nacieron como seres humanos. Sus hijos y usted, compañera Otilia, representan la capacidad de crear, de pensar, de amar el amor. Nada podrá reemplazar a sus hijos, lo sabemos, pero la sentimos tan gallarda y orgullosa que deseamos decirle con toda nuestra humildad que usted tiene millones de hijos que siguen sembrando las semillas que sus hijos nos entregaron. Doce jóvenes integrantes de la Escuela de Trabajadores Sociales Médicos participantes de un doctorado en formación multidisciplinaria para el desarrollo humano. Para usted nuestra admiración y cariño.
Doctores: Angelina Garay, Dora Ibias, Caridad Olmedo, Luz María Benavides, Aniceto Cabrera, Antonio Escutary, Adolfo Fernández, Regla González, Elsia Garrigo, José Escaldel, Lila Lima, Rafael Arlequín, Oquendo Alvarez, Agustín Hierrezuelo, Ian Rudhol, María Vera, Caridad Silva, Loreto Alfonzo, Francisco Costa, Jorge Díaz, Dionisio Yomarán, Julio Medina, Micheline García, Norma Quincoses, Alberto Quinteros, Mercedes Rabago, Felicia Hernández, René Livsdhal, Marcos Quinteros, Jonás Leyva, Reinaldo Gutiérrez, Rolando García, Abelardo Morera, Olga Barroso, Francisco Marchán, Esteban Pila, Claudio González, Viviana Pérez, Agueda Sáez, Jorge Sagvinon
Trabajadores sociales: Rosario Guerra, Carlos Cuencas, Juan Faivre, Manuel García, José Lacre, Lázaro Padrón, Oneida Pérez, Juan de la Vera, Mercedes Ibáñez, Raúl Pizarro, Fernando Valdivia, Lilia Melián
Cuba
Otilia: si tuvistes tales hijos fue un privilegio tan grande que implicaba estas tristezas. Y llevar estas tristezas es el trabajo que da el mantener la memoria. Es imposible evitar el dolor, pero la belleza que implica que un frágil cuerpo como el tuyo sobrelleve tamaña tarea te hace nacer hijos por mero contacto de contemplación. Seguro que ya somos miles tus hijos, en cualquier calle que cruces de cualquier pequeño pueblo de América, se abrirá una puerta y saldrán hijos para abrazarte, caras para besarte, ojos emocionados de tenerte entre nosotros. Yo quisiera que fueras mi madre: ya te quiero como si lo fueras; y todos los días de mi vida voy a pensar en vos. Te pido, Otilia, que te cures, hácelo por nosotros que en el fondo somos chicos (tú los sabes) y no tenemos tu misma capacidad de soportar el dolor. Sabiendo que estás, la esperanza se fortalece. En este mismo momento, si confías, te estamos abrazando, te abrazo y te digo la alegría de que vivas.
CARLOS TOBAL
Otilia: Desde estas tierras del sur de veranos desconocidos, un inmenso hálito de amor para tí. Podrán tener noticias, cables, poder, creerse dueños de la vida y la muerte, pero no tienen amor, ni entienden la vida, qué tristeza por ellos, y qué felicidad que existas. Gracias
MARLENE SANDOVAL, Directora de CERSO, en Concepción
Señora Otilia: desde el Istmo de Panamá le mando mis cariñosos saludos, deseándole una pronta recuperación a usted, una madre ejemplar, quien largos años de su vida ha golpeado puertas, esperando que alguien le dijera el paradero de sus hijos. Mi más profundo respeto y solidaridad,
MYRNA LOPEZ YURAS, Panamá
Ninguna palabra, sólo un fuerte abrazo desde Italia.
ELSA FERRAZZANO, Italia
A Otilia nuestro apoyo. No encontramos fácilmente las palabras porque también las hemos visto muchas veces arrastradas por el viento o quedarse escondidas en oscuros corazones. Pero así como que la llama es sólo llama cuando arde y sabemos que no podemos apropiarnos de tu dolor, sabemos que los dolores de una hermana o hermano siempre quedan ardiendo como un clamor que nos llama a continuar luchando. Quizá tu eres ahora como la metáfora del río, dando continuamente sus aguas contra la roca. ¿Lo ves? Otilia por favor no dudes, finalmente más allá de nosotros, ¡venceremos!, una victoria que no será nuestra sino de la misma vida.
CELIA Y RICARDO GALLARDO, Australia
En mi breve visita de una semana a Chile, fui a ver a Otilia y Patricia el domingo 24. Me costó irme porque estaba muy a gusto con ellas. Me alejé triste, pero tranquila. Otilia, como siempre, cuidadosa de no lamentarse ni externar sus preocupaciones aunque sus hijos siguen muy presentes. La pérdida de Osvaldo la ha dejado sola con una tarea enorme: dar sepultura a sus tres hijos aún desaparecidos. La angustia de la espera y el horror de encontrar algo inaceptable… Sólo una madre como Otilia puede resistir tantos años en esta tortura cotidiana. Creo que la beatificación de una mártir de la dictadura, pasa por esta madre coraje.
MARIA INES BUSSI, Roma
Otilia Vargas, mujer admirable cuyo silencioso dolor la engrandece ante la historia de Chile, reciba mi cariño a través de Punto Final. Vaya mi solidaridad a su familia ante el duro trance que hoy enfrenta.
IRIS PADILLA C., Santiago
Acabo de leer en el correo electrónico el artículo sobre la situación de Otilia, y me gustaría que de mi parte le hagan llegar mis saludos y mis deseos que vuelva a agarrar fuerzas y se mejore. En un momento muy negro de mi trabajo, cuando a un defendido mío, acusado de apoyar a ETA, después de mucho tiempo de pelea Alemania lo extraditó, un amigo me mandó una postal con sólo estas palabras que fue lo que más me ayudó a superar ese momento: “Con tal de que se imponga la injusticia, no es que por eso tengan ellos la razón”.
Así efectivamente es, y ojalá algún día no sólo se tenga la razón, sino también la fuerza de poder hacer justicia. Lo que importa es la participación de todos, sin saber cuándo la veremos. Un abrazo para todos, y para doña Otilia en especial
PETRA SCHLAGENHAUF, Alemania
Muy querida y admirada Otilia: Hace mucho tiempo que no nos vemos, pero tu bondad infinita, tu fortaleza y tu frágil figura están siempre en mi corazón, como el ejemplo de tantos queridos compañeros que durante todos estos años se han mantenido firmes en la defensa de la denuncia de las atrocidades cometidas y la exigencia de verdad y justicia. Tu dolor de estos días en que el reconocimiento por parte de las Fuerzas Armadas de que 200 personas fueron lanzadas al mar, es acogido por este gobierno con admiracion hacia ellos “por la valentía de reconocerlo”, y de paso, internalizado como si centenares de personas lanzadas al mar, fuera el hecho más natural del mundo, es el dolor de todos quienes fuimos testigos de su apresamiento, de su tortura y desaparicion. No estás sola, Otilia, y no lo estarás jamás en esta lucha permanente por obtener toda la verdad y la justicia aunque en ello se nos pase la vida. Tampoco conseguirán el objetivo que buscan de dejar en el anonimato a los camaradas del MIR que fueron asesinados. Hace algunos años y no tantos, parecía imposible conseguir que los ciudadanos de este país y el ámbito internacional reconocieran todo el horror y el genocidio que en Chile se desató bajo la dictadura, y fue el trabajo de miles y miles de compañeros en el mundo entero, el que consiguió con creces que ello fuera realidad. Por eso me asiste la esperanza, llena de confianza, que la verdad y la justicia también llegarán si no cejamos en el empeño sin tregua de exigirlas. Estás muy dentro de quienes fuimos camaradas de tus hijos y aprendimos a amarlos, en su compromiso, solidaridad y valor. Te deseo una pronta recuperacion, querida Otilia, y quiero que cuentes conmigo para lo que sea. Circulo muy poco, pero siempre estoy donde la deuda moral inclaudicable que tengo con mis camaradas desaparecidos y ejecutados me indica. Te mando mi amor, mi respeto, mi admiración y lo mejor de mi energía positiva para ayudarte a recuperar la salud quebrantada.
GLADYS DIAZ
Hermana Otilia: tan sólo quiero que sepa que nos dolemos de su dolor, nos engrandecemos con su fortaleza, nos alimentamos de su furia y nos ennoblecemos con su hermosura de madre digna de dignos hijos. Un abrazo y un beso solidario, hasta la victoria siempre.
MAURICIO BUENDIA
Y FAMILIA
Otilia, hermana querida: ¡paz y bien! Es bueno que sepas, hermana, que somos miles y miles, millones las hermanas y hermanos tuyos que estamos a tu lado, sufriendo y luchando como vos, por la verdad y la justicia. ¡Sé fuerte, hermana querida, sé fuerte, ponete de pie, como estuviste siempre! “Hay que seguir andando no más”, nos decía un santo hermano obispo de nuestra Rioja, hasta que lo asesinaron los militares (4.8.76) ¡Seguí andando nomás, Otilia querida!, y, si tenés la dicha de gozar de algo de fe en el único Dios verdadero que es Mamá y Papá de todas y todos, aprovechala porque ayuda mucho. Él me ayudó a vivir libre y hasta feliz, a pesar de llevar doce años preso, condenado a veinte años como “ideólogo” de La Tablada. Soy un viejo fraile capuchino (73), sacerdote desde hace 48 años. Estoy a tu lado y, con toda mi alma, le pido a ese Papá-Mamá-Dios, que te bendiga y renueve tus fuerzas. Un abrazo fraterno, hermana querida!
Fray ANTONIO PUIGJANÉ, Argentina
Desde Rivera, Uruguay, ciudad limítrofe con Brasil distante a 500 km. de la capital uruguaya, les escribe Eduardo Rodas. Soy un activo militante de la vida (sindicatos, movimientos sociales, política). Nací en Montevideo hace 38 años y soy periodista. Desde hace casi cuatro vivo en este lugar del mundo y quisiera que le hicieran llegar a Otilia un abrazo fraterno de mi parte y de gran parte de los uruguayos que tenemos los mismos ideales. Como dice la gente que está preparando el Foro Social Mundial de Porto Alegre “Otro mundo es posible” y creemos en él. Vaya a Otilia entonces un abrazo desde Uruguay.
EDUARDO RODAS, Uruguay
Otilia, compañera: fue con una honda preocupación y un gran dolor que he sabido de la enfermedad tuya de estos momentos. No sé si te acuerdas de mí: nos conocimos hace muchos años en Cuba, cuando tú y don Osvaldo y la bella Patricia estaban allí, así como nosotros (yo con mis hijos, entre ellos Gregory Randall, que también te conoció). Nos vimos en varias ocasiones. No puedo decir que fuimos íntimas amigas, pero siempre me acuerdo de ti con gran cariño y con una enorme admiración que sé que la comparto con muchos. Ahora, al saber que estás mal, te quise acompañar un poco. Estoy lejos, en los Estados Unidos de mi infancia, pero sigo cerca en el corazón. Sigo el proceso chileno con el mismo interés de siempre. Han sido muchos los años e incontables las pérdidas, pero algún día habrán de pagar los asesinos por cuanto crimen en contra de la humanidad. Que nos digan dónde están los que todo sacrificaron? por lo menos eso. Otilia, recibe el cariño de esta gringa hermana que mucho te aprecia, y un saludo cariñoso también para Patricia.
MARGARET RANDALL
Estados Unidos
Recién bajé el correo y leí el editorial referente a la situación de Otilia lo cual me provocó indudablemente una profunda pena. Les pido que le hagan llegar un gran beso y un ¡ARRIBA COMPAÑERA! Comprenderán que es muy difícil poder expresar los sentimientos, de todas formas si se acuerda de mí háganle llegar el saludo.
GONZALO SERANTES, Uruguay
Querida Otilia: leí recién la nota de Punto Final. Estoy participando en la Universidad Popular creada en Argentina por las Madres de Plaza de Mayo, y por ello convivo cotidianamente con el valor de estas madres que como vos, han tenido que renacer una y otra vez, del dolor y la desesperanza. No es sencillo convivir con la injusticia y la impunidad, y seguir siendo dadoras de vida y de coraje para la lucha. Por ello, sabiéndote en una nueva batalla por la vida y por la memoria, por la verdad, por la esperanza, te hago llegar mi más cálido abrazo, diciéndote también que por la lucha de ustedes somos muchos los que hoy continuamos soñando y creyendo en la dignidad humana. Fuerza para resistir, y seguir ayudándonos a vivir.
CLAUDIA KOROL, Argentina
Queridos amigos de Punto Final:
Solidarizo y acompaño en su tragedia a la señora Otilia. Tanto sufrimiento es algo terrible, tanta impunidad provoca rabia y dolor.
ERNESTO CARMONA, Santiago
Desde de mi fe liberadora y de mi indignación revolucionaria, me mantengo en oración por la vida de la señora Otilia Vargas. Fraternalmente,
FREI BETTO, Brasil
¿Qué se puede decir?… Apoyo, cariño y fuerza para la señora Otilia y nuestra admiracion por ella y por sus hijos.
JULIO VEGA PAIS, Santiago
Querido Manuel: Muchas gracias por adelantarme el editorial de la revista, es muy hermoso y te refleja lo que es y debe ser un revolucionario. Por favor, cuando veas a la compañera Otilia entrégale mi afecto y cariño sincero y que cuente con nosotros para cualquier cosa que debamos hacer.
BENJAMIN CHAU, Concepción
Hace unos minutos que he leído el artículo referido al dramático caso de la señora María Otilia Vargas. Algo conocía por ser la mamá de Dagoberto, y la madre chilena más víctima de la dictadura por haberle arrebatado a cinco hijos. De inmediato, me puse en comunicación con el Hospital J.J. Aguirre, y me han informado que la paciente se encuentra grave en la Unidad de Cuidados Intensivos. Me comprometí a ir mañana, para ver en qué puedo ser útil, dado la amistad que tengo con algunas de las autoridades de ese centro hospitalario, una forma concreta de apoyo a nuestra compatriota de este país el cual cada día nos duele más. Saludos fraternales,
DANILO SALCEDO V., Santiago
Querida Otilia: te conocí en La Habana, y luego mi padre, Jorge Drouilly, trabajó contigo por los desaparecidos. Mi papá haciendo lo que podía por su hija Jacqueline y su yerno Marcelo. En estos momentos, donde se está de nuevo jugando con nuestra angustia, quiero enviarte un gran abrazo y la seguridad de que no estamos solas, sino que hay una inmensa minoría que está con nosotros.
NICOLE DROUILLY, Inglaterrra
Señora Otilia: hacemos fuerza acá en nuestra familia por su recuperación. De los milicos jamás esperaremos algo, creemos en el pueblo, en la conciencia libertaria de los chilenos que no olvidan. No queremos caer en la retórica. Sólo decirle que no olvidaremos la crueldad de los asesinos ni la entrega generosa de los combatientes del pueblo. No será en vano el sufrimiento. Habrá resurrección.
FAMILIA PUIG CONTRERAS
Compañera: me presento, soy María Marta Bruno, de Argentina, e integrante de la agrupación HIJOS, que nos reúne a los hijos de desaparecidos, asesinados, exiliados y presos políticos durante la aplicación del terrorismo de Estado en nuestro país y en Latinoamérica, la patria grande. Sé, como usted, del dolor de no saber (aunque de verdad sabemos, ¿no es así, compañera?) Usted tiene el recuerdo de sus cinco valientes, yo, el recuerdo que los demás tienen de mi padre. Y puedo asegurarle, compañera, que me resultó arduo reconstruir ese pedazo de identidad que se llevaron con él, hace ya casi 24 años. Algunos de mis compañeros no quieren recuperar lo que haya de recuperable de sus “viejos” (como llamamos aquí, cariñosamente, a los padres), en el estricto sentido físico: no quieren sus huesos. Pero, sabe, compañera, a mí me gustaría saber qué pasó, dónde están sus restos, quisiera poder darle una sepultura. Por eso la entiendo, compañera, desde lo más profundo. Y quiero que sienta mi solidaridad con usted, y el deseo de que salga adelante con fuerza, con más fuerza que antes, para que sepan que no nos han vencido, ni lo harán, por más mentiras y promesas huecas que nos hagan. Que sepan que no nos han vencido, porque hacemos nuestra la lucha de sus cinco hijos y de nuestros viejos, por un mundo justo, digno y solidario. ¡No afloje, compañera! Ellos viven en usted y en nosotros. Un abrazo fraterno,
MarIa Marta Bruno
HIJO http://hijoslucha.netfirms.com/hijosbuenosaires@yahoo.com.ar
Estimados compañeros: desde ya hagan llegar nuestra solidaridad fraternal a Otilia Vargas, si esto es posible. Nuestra forma de solidaridad más concreta es hacer circular este artículo en toda nuestra red con la intención de que se mantenga la memoria de estos hechos.
A nivel personal es imposible saber qué decir en circunstancia como éstas. Sólo queda el silencio ante lo no aprehensible, lo irracional. Y el deber renovado de continuar el trabajo de todos los días en pro de la justicia y de la memoria. Fraternalmente,
GOYO DIONIS
Editor Equipo Nizkor
Querida Otilia: No nos conocemos en forma personal, pero yo la conozco muchísimo por la lucha que usted ha dado tantísimos años, y en cuyo camino nos hemos encontrado muchas veces. Quiero enviarle desde este puerto lindo de Valparaíso, toda mi solidaridad, cariño y fuerzas para seguir adelante, en esta ruta que es tan larga, pesada y dolorosa, pero que también tiene cosas lindas, como encontrarnos con personas como usted y otras, que hacen que sigamos teniendo esperanzas de que, pese a todo, la vida vale la pena vivirla y lucharla.
Un abrazo con mucho cariño y espero que a lo mejor, nunca se sabe, se lo podré dar personalmente.
ELIANA, Valparaíso
Desde la distancia de Vancouver, Canadá y como exiliado de la dictadura militar, desde enero de 1974, permítame acompañarla en su dolor, por las trágicas y dolorosas pérdidas que sufrió de manos de dicho régimen. Aunque yo y mi familia inmediata no sufrimos ese destino trágico, con excepción de haber tenido que vivir exiliados por tanto tiempo, tuvimos amigos y colegas queridos que también fueron detenidos desaparecidos. Además, por nuestra ascendencia étnica, algunos parientes cercanos de nuestros padres fueron eliminados brutalmente por el régimen hitlerista durante el Holocausto de exterminio masivo más trágico y vergonzoso de la historia europea. Es por esas razones que podemos entender su dolor y queremos hacerle llegar nuestro sentido pésame de mi esposa y mío. Cariñosamente
DR. BERNARDO BERDICHEWSKY (PH.D),
Profesor Universitario, Emérito y
CESIA DE BERDICHEWSKY
Canadá
No te hemos conocido nunca. No somos militantes de ningún partido ni movimiento político alguno. Los únicos límites que no aguantamos, como animales humanos, son aquellos que causan dolor y sufrimiento… y a ti, el asesino, como a miles de nosotros, Augusto Pinochet, nos lo ha causado. Tu ejemplo de mujer valiente nos reconforta y nos muestra una tarea a seguir. Te enviamos desde Canadá, Ottawa, toda nuestra solidaridad y amor. Animo… ánimo… todavía tenemos que aprender de ti muchas cosas.
NIEVES Y MIRO FUENZALIDA, Canadá
Estimado Manuel: con mucha emoción, dolor, grandes recuerdos y también con mucha rabia e impotencia por los últimos acontecimientos en Chile, leí tu editorial sobre Otilia Vargas, la madre de nuestros queridos compañeros Pérez Vargas, desaparecidos, asesinados y caídos en combate durante la época dictatorial. Quiero hacerle llegar un saludo a mi nombre y de mi familia en particular y de nuestra organización que lucha en contra de la impunidad para los asesinos de sus hijos y de tantos otros compañeros y compañeras caídos en la lucha antidictatorial. Que la señora Otilia cuente con todos nosotros. Que deseamos su pronta recuperación. Que jamás claudicaremos, donde quiera que nos encontremos, luchando por la verdad y la justicia, y en contra de la impunidad. Un abrazo a la distancia; pero con nuestros corazones allá junto a ustedes.
MARIO VENEGAS
Coordinador, Comité Permanente por Chile, Chicago, Estados Unidos
No afloje, compañera, seguiremos luchando hasta que todos los culpables sean castigados… La justicia tarda pero llega. Hasta siempre.
PEDRO HUGO ARELLANO, Luxemburgo
Doña Otilia: el ejemplo de sus cinco hijos masacrados por la dictadura pinochetista vive en el corazón de mucha gente por todo el mundo. Yo vivo en New York donde he tenido el honor de conocer muchos chilenos que de alguna manera viven situaciones similares a la suya por no saber dónde se encuentran muchos de sus amigos y familiares desaparecidos durante la dictadura militar chilena. Esos chilenos que le menciono se han mantenido firmes en su lucha constante en busca de la verdad y libertad para todos los chilenos.
Quisiera enviarle un abrazo solidario y exhortarla a que se mantenga firme en la búsqueda de la verdad sobre sus hijos. Estaremos con usted en sus momentos de angustia y depresión. ¡Doña Otilia, usted no está sola! Atentamente,
CARLOS MORENO, abogado neoyorquino, asesor legal de chilenos residentes en EEUU, víctimas de la dictadura
A Doña Otilia la conocí en Cuba, andaba con su hija Patricia haciendo los preparativos de su viaje de regreso a Chile. Esto hace ya cerca de siete años. Yo regresaba de un viaje a Chile, en donde, entre otras cosas acababa de comprar su libro-testimomio, libro que ella me dedicó. Quisiera expresarle, desde París y en nombre de los cientos de exiliados que aún nos encontramos por acá mis saludos, afecto y admiración. Otilia te necesitamos. Fraternalmente.
PATRICIO SANTANA, París
Respetado Manuel, leyendo vuestro artículo-homenaje a Otilia Vargas, queremos muy sencilla pero decididamente sumarnos a este homenaje. Estamos completamente convencidos que Otilia representa los más altos valores de amor, humanidad, belleza y solidaridad humana. Sus hijos, criados bajo su corazón maternal, son la semilla con que se va gestando el hombre nuevo, indestructible e imprescindible para una nueva e infinitamente superior sociedad.
Nuestro canto, seguirá sonando al calor de la esperanza de los seres humanos como Otilia y sus hijos: “No a la impunidad” y “Levántate” es nuestro lema, que suene en todos los rincones de nuestra patria. Radio Tierra, USACH y Nuevo Mundo tienen nuestra música. Fraternalmente
CRISTAL ANDINO
Saludos a PF
Continuaron llegando saludos a PF con motivo del año nuevo. Entre otros de: Arturo Velásquez, Cartagena; Fundación Víctor Jara; Radio América Latina, de Oslo, Noruega; Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos; Ximena Pérez A. y familia; Carabineros exonerados del Comando de Exonerados Políticos de las FF. AA. y de Orden; Alfredo Barahona de Ediciones Claretianas; Jaime Pavez Moreno, alcalde de La Pintana; Epes; Colegio Médico de Chile; Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz; Galo Espinoza y Cristal Andino, de Suecia; Carlos E. Antelo Pérez, consejero de la embajada de Cuba; José Ramón Balaguer Cabrera, miembro del buró político del Partido Comunista de Cuba; José Arbesú Fraga, vicejefe del Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del PC de Cuba; Francisca Varga, Universidad Arcis; Otilia Vargas viuda de Pérez y Patricia Pérez Vargas; Nidia Guerra y Emilio Contardo, de Valparaíso; coronel (r) Juan Vidal; Agrupación Cultural Víctor Jara, de Los Angeles; Mario Ríos Santander, vicepresidente del Senado; Pedro Naranjo, de Estocolmo, Suecia; Eduardo Ramírez Cruz, alcalde de San Miguel; Alfonso Fraga Pérez, embajador de Cuba, e Isolina Gómez de Fraga; Jaime Gazmuri, senador, y Paulina Eliseetche de Gazmuri; Víctor Hugo de la Fuente, director de la edición chilena de “Le Monde Diplomatique”; Marcelo Mendoza Prado, director de “Patrimonio Cultural”.
Soriano, gordo y fenomenal
Hace años un amigo nos traía solución para nuestras apagadas lecturas: el regalo de leer a un escritor argentino, Osvaldo Soriano, que gustaba del fútbol, los gatos y los vinos tintos. Fue por entoces que nos reconocimos con el escritor y los innumerables personajes de sus relatos, llenos de nostalgia, como una imagen del sino trágico de la vida.
Pero un 29 de enero de hace cuatro años se fue el gordo Soriano empujado por un cáncer más allá de lo que aguantaban sus pulmones. Para algunos fue experimentar la propia condena de la verdadera hora sin sombra de la muerte. Osvaldo Soriano, el gordo, el eterno enamorado de Brigitte Bardot, quitado de bulla y obsesionado con los gatos, creyéndose uno de ellos, el escritor preocupado por la dignidad de sus compatriotas y por fabular historias vitales, viajaba al país de nunca jamás.
En realidad, con 54 años, el fabulador no tenía por qué irse así, de repente, si aún le faltaban tantos relatos por escribir encerrado en su cuarto. “Me meto preso”, decía él, en un rígido esquema de trabajo del que salía con varios kilos menos, pero con una novela bajo el brazo. Escribiendo cuánto pudo y fumando tabaco de países lejanos, tuvo el ojo mágico para ver donde otros no veían y contarnos esas historias de tragedias y miserias humanas donde la alegría y felicidad casi no existen.
El querido gordo Soriano, con los gatos que lo acompañaron, haciendo que sus días se iniciaran a las ocho de la noche y sufriendo por San Lorenzo de Almagro, su equipo predilecto, creó una narrativa contundente, comprometida con la vida: “Triste, solitario y final”, “A sus plantas rendido un león”, “Rebelde, soñadores y fugitivos”, entre otros libros.
Sus días postreros los pasó en Buenos Aires junto a sus familiares y amigos que esperaban el guiño mágico de algún gato mayor para que el gordo permaneciera con nosotros escribiendo de manera lúcida y ocurrente.
Francisco Javier Villegas, Santiago

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