Lumi. mujer, madre, esposa,compañera.

 

 

Para contactos por la película
konsento03@gmail.com

 

Lumi VIDELA MOYA

 

 El 21 de septiembre de 1974 fueron detenidos por agentes de la DINA en Santiago los cónyuges Lumi VIDELA MOYA y Sergio PEREZ MOLINA, ambos militantes del MIR.  Numerosos testigos dieron cuenta de su permanencia en el recinto de José Domingo Cañas.

                                      El 3 de noviembre Lumi Videla murió en una sesión de tortura a la que era sometida en el recinto de José Domingo Cañas.  Según el informe de autopsia, la causa precisa de la muerte fue la asfixia producto de una obstrucción de la boca y la nariz estando el cuerpo de cúbito ventral. Sergio Pérez desapareció desde ese mismo recinto.

El 4 de noviembre de 1974 se encontró el cadáver de Lumi Videla en el lado interior de una pared del jardín de la embajada de Italia, en la comuna de Providencia. La prensa de la época informó que habría sido víctima de los asilados que se encontraban en la embajada, en el marco de una orgía. La embajada, por su parte, desmintió que Lumi VIDELA se hubiera encontrado asilada en el recinto.

La Comisión llegó a la convicción de que Sergio Pérez desapareció por acción de agentes de la DINA, y que Lumi Videla murió por efecto de la tortura que le infligieron agentes del mismo organismo, en violación de los derechos humanos de ambos.

(Informe Rettig)

29 de Marzo de 2004 La Nacion

Restos de Lumi Videla a memorial de desaparecidos

Los restos de la ejecutada política y militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Lumi Videla fueron trasladados ayer al Memorial del Detenido Desaparecido, ubicado en el Cementerio General.

La ceremonia estuvo precedida por un homenaje, realizado por amigos, familiares de Videla e integrantes del MIR, frente al número 1305 de la calle José Domingo Cañas, en la comuna de Ñuñoa, lugar en que se ubicó uno de los centros de tortura y reclusión clandestina de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA).

7 de abril de 2004

Chile: Homenaje a Lumi Videla, dirigente del MIR asesinada por la DINA en 1974 

Dago Pérez: “Los asesinos no pudieron con mi madre”
Rebelión

A nombre de la familia en especial; de los compañeros en general; de todos los amigos de mis padres, quiero agradecerles que hayan venido a compartir y a hacer justicia de esta manera. Por fin podemos rendirle honores y rendirle un homenaje a mi madre, como siempre ella lo ha merecido. En un proceso judicial que comenzó el año pasado, la juez en ese tiempo, estimó que había que realizar peritajes a los restos de mi madre, que estaban desde 1974 en una tumba familiar, en una sepultura familiar. Después que finalizaron todas esas diligencias, nos llamaron a la familia y nos dijeron que estaban los restos de mi mamá y se presentaba la oportunidad así de hacer justicia con mi madre. Porque en los funerales de 1974, no pudo asistir toda su familia, no pudieron asistir la mayoría de sus compañeros ni pudieron asistir sus amigos, porque se encontraban perseguidos, o se encontraban encarcelados o exiliados. En ese tiempo no se pudo hacer lo que nosotros estamos haciendo ahora, Todavía existía en los medios de comunicación esa infame campaña que se montó contra mi madre, diciendo que ella estaba asilada en la embajada italiana y que había sido estrangulada por sus propios compañeros. Ahora, después de todo el esfuerzo que han hecho la familia y los compañeros, podemos establecer la verdad formalmente, podemos haberla establecido en los tribunales y ahora podemos hacer vivir nuevamente a mi madre, porque ella vive en el corazón de todos nosotros, porque ella vive en la lucha, vive en el rojinegro, en cada compañero y en cada corazón revolucionario vive ella. Y ahora en este momento se nos presenta a todos los que militamos en el MIR, al pueblo mirista se nos presenta una oportunidad. Cuando se dio la situación de hacer este homenaje, hablamos con algunos compañeros dirigentes históricos del MIR y con muchos compañeros que habían estado junto a ella, porque nos habíamos dado cuenta que no estábamos asumiendo la responsabilidad histórica con todos nuestros compañeros y con todos nuestros militantes ejemplares, como lo fue mi madre, como lo fue mi padre.

Una manera que nosotros tenemos de hacerlos vivir realmente y que sus principios y sus valores todas sus ideas, su lucha, se siga multiplicando es hacer realmente, homenajes a todos los compañeros caídos y así poder nosotros presentar y contarle a todos los niños , a la gente más joven, contarles quienes eran y que ellos son un ejemplo que se puede seguir.

Quiero agradecer a mi madre Lumi Videla y a mi padre Sergio Pérez, porque gracias a ellos he podido mirar de frente y tener siempre la frente en alto, tener un corazón ardiendo y tener la fortaleza para pedir justicia y para pode seguir su camino, ellos me dieron el mayor ejemplo que un hijo puede tener y yo tengo que agradecérselos delante de todos sus compañeros.

Lo que nosotros tenemos que tener claro, es cómo hacer vivir ese ejemplo en cada uno de nosotros ahora, ellos viven en nosotros, pero ello tiene que concretarse, transmitiendo sus principios, transmitiendo su lucha, transmitiendo sus valores. Los asesinos no pudieron con mi madre, los asesinos no pudieron con mi padre. Los mas grandes asesinos, los mas grandes demonios del mal no pueden con ellos, porque ellos no tienen potestad sobre el espíritu de los guerreros. Si pudieron con su cuerpo y su carne, pero con todo lo que ellos han hecho y la presencia de ellos, de Lumi y de Sergio, nos dan la fortaleza para ser dignos. Ellos son los que nos dan esa energía .Dejaremos el cuerpo de mi madre acá, pero tenemos que llevarlos en nuestro corazón, tenemos que llevarnos a todos en nuestro corazón. No solo para recordar, sino que para practicar lo que muchos de ustedes practicaban. Eso tiene que surgir con todo el amor. Eso sigue presente.

Creo que a todos los compañeros miristas se presenta ahora la posibilidad de comenzar, lo que sería una buena costumbre, recordar y dar un homenaje a todos los compañeros que dieron su vida por la emancipación, por el pueblo y todos los trabajadores.

Como familia, como hijo, quiero agradecerles a todos. Los que tienen que hablar ahora son mis padres, si ponen atención, los van a escuchar porque ellos están presentes”.

El 21 y 22 de septiembre de 1974 fueron detenidos por agentes de la DINA en Santiago los cónyuges Lumi VIDELA MOYA y Sergio PEREZ MOLINA, ambos dirigentes del MIR.

Lumi Videla Moya, , fue detenida en la calle. Fue conducida al recinto a cargo de la DINA ubicado en José Domingo Cañas, lugar donde fue salvajemente torturada y muerta en noviembre de 1974. El cadáver de esta víctima fue arrojado a la Embajada de Italia, pretendiendo hacer aparecer este crimen como ocurrido en ese lugar, lo que posteriormente fue descartado en la investigación judicial. El informe de autopsia de la víctima señala que la causa precisa de la muerte fue la asfixia producto de una obstrucción de la boca y la nariz estando el cuerpo de cúbito ventral.

La detención de Lumi Videla, el día anterior a la de Sergio Pérez, fue conocida por numerosas personas que permanecieron recluidas con ambos en el recinto secreto de la DINA ubicado en Avda. José Domingo Cañas y en especial por doña Rosalía Amparo Martínez Cereceda, amiga del matrimonio y que estuvo detenida en ese lugar. En declaración jurada de fecha 28 de junio de 1990, la testigo relata la forma en que fueron detenidos sus amigos: “…su detención fue el 21 de septiembre de 1974, vivía con Sergio Pérez en una casa de calle Santa Rosa, cerca de Departamental… Lumi y Sergio Pérez tenían un acuerdo previamente establecido para los efectos de dar señales sobre la detención de uno o del otro y en ese plan se incluía que habría un plazo límite para la entrega de la información sobre la casa donde vivían ambos. Ocurre que Lumi es detenida el 21, la llevan a la sala de torturas y ella relata que soportó el plazo, que bien pudo ser de 24 horas. Ello significaba que Lumi durante veinticuatro horas no había concurrido a los puntos o contactos que tenía ese día, por lo que esa inasistencia serviría para que Sergio se enterara que algo había pasado y que ella había sido detenida”.

Tanto Sergio Pérez Molina como su esposa Lumi Videla Moya fueron llevados al recinto de José Domingo Cañas donde -según testigos- se les torturó brutalmente con el objetivo concreto de que entregaran información sobre el paradero del máximo dirigente del MIR, intensamente buscado en esa época.

También se sabe por la declaración de una testigo, que Sergio Pérez Molina fue confrontado con su propia cónyuge, con ella y con el marido de ésta, : “Aproximadamente entre el 24 y el 25 de septiembre, , los jefes del recinto reunieron a la testigo y su marido, Lumi Videla y Sergio Pérez, y dos agentes de la DINA. El objetivo de esa reunión era conocer el nombre del enlace con el Jefe maximo del MIR.. Todo estaba girando en ese momento en la percepción de que se estaba muy cerca de dar con el paradero del Jefe máximo del MIR Miguel Enríquez; y contaban con la certidumbre que habían asestado un golpe inmenso a ese movimiento con la detención de Sergio Pérez Molina. Este último, estando en esa reunión mostraba un estado físico calamitoso producto de las intensas torturas y de los malos tratos que se le habían infligido. Los jefes de la DINA señalaron a los demás concurrentes a esa cita, que el deber de estos detenidos era salvar la vida del Sergio Pérez, quien según sus palabras “se moría”. A cambio de la información del nombre del enlace de Enríquez, prometían dispensar una debida atención médica a Pérez y con ello salvarlo de la muerte. Inclusive los agentes de la DINA, señalaron que no era necesario que contestaran de inmediato, que podían reflexionar sobre el punto. Concluida la reunión, los detenidos fueron llevados a la habitación donde originalmente se encontraban. La testigo estaba profundamente conmovida por el estado de salud de Pérez, el que realmente estaba grave, tal cual lo habían señalado los agentes de la DINA y conmovida aún más por la petición de ayuda que le había manifestado el propio Pérez. Fue al día siguiente que a esa pieza fue virtualmente lanzado a su interior Sergio Pérez, quien lo único que hacía era permanecer inmóvil, quejándose de sus múltiples lesiones, tenía un balazo en una pierna, la que no había sido atendida médicamente, tenía una úlcera reventada y vomitaba sangre a cada momento. Sólo fue mantenido en ese lugar junto a los otros detenidos, entre ellos su mujer Lumi Videla, por espacio de una hora. Se trataba indudablemente de un neto acto de presión sobre estos, para que apuraran en alguna forma una decisión sobre lo solicitado, el nombre del enlace con Miguel Enríquez”. Agrega más adelante la declarante en este mismo documento, refiriéndose a la situación del afectado: “Sergio Pérez siguió siendo torturado y sus gritos se escuchaban en toda la casa. Allí ocurre un hecho importante, en una tarde se escuchan gritos de Sergio y luego unos carrerones de gente por la casa que expresaban “un médico, un médico”, señalando que Pérez se estaba muriendo, que estaba muy mal y que había que llevarlo a un hospital. Lumi Videla pidió permiso para ir a despedirse de él; la sacaron un breve rato, lo suficiente sólo parece para verlo y nuevamente fue ingresada a la pieza de los detenidos. Se escucharon rápidas carreras y una especie de camilla arrastrando a Sergio Pérez. Ese sería el último día que se vio y escuchó a Sergio Pérez”.

El día 4 de noviembre de 1974, el cadáver de la esposa de Sergio Perez, Lumi Videla, fue arrojado a los jardines de la Embajada de Italia, informándose por la prensa de la época que el homicidio de ésta había ocurrido en el interior de esta legación diplomática y en el curso de “orgías entre asilados”. Esta versión quedó totalmente descartada en la investigación judicial realizada por el Ministro señor Juan Araya puesto que en ella se pudo establecer fehacientemente que la fallecida nunca estuvo en ese lugar en calidad de asilada. Esta causa fue sobreseída posteriormente por la imposibilidad de ubicar a los autores del delito.

Lumi Videla Moya

(Por su madre)

Mi hija Lumi

Desde niña demostraba su condición de líder y tenía una gran empatía con la gente. Era alegre, llena de vida y muy precoz, tanto, que cuando tenía apenas un año no habló con palabras sueltas sino con frases, lo que me dejó atónita. Cuando ella nació yo todavía era adolescente, tenía 21 años y no sabía nada de guaguas y venía egresando de la Universidad Técnica del Estado.

Cuando Lumita estaba más grandecita también me sorprendía con sus expresiones. Como cuando yo le hacía una justa observación ella me replicaba: “déjame vivir mi vida y respirar mi aire”. Muy independiente, estudiosa y responsable, siempre estaba preocupada de los demás, sobretodo si eran más desprotegidos.

Cursó la Enseñanza Media en el Liceo renovado “Darío Enrique Salas” que, a diferencia de los liceos tradicionales, era más abierto, más permisivo, más tolerante, con una disciplina menos rígida y su influencia en Lumita fue muy decisiva en su formación de adolescente porque le reafirmó las características que le había impreso nuestro hogar, formado por los dos abuelos maternos (maestros ambos y jóvenes aún) y yo. Esto conformó una jovencita solidaria, humana, generosa, veraz, responsable, que alternaba sus estudios con bailes semanales.

Postuló a los 16 años a Filosofía y al término de la carrera de 5 años entró nuevamente a la Universidad de Chile a estudiar Sociología. Cursaba el tercer año el 11 de Septiembre de 1973.

La relación abuelo-nieta (la primera nieta) fue muy importante en la formación de Lumita tanto en la Enseñanza Media como en la Universidad. Fue él quien le imprimió la disciplina y organización en los estudios. Era como un padre para ella, ya que no vivía con aquél. Se instalaban en el escritorio del abuelo y él atendía sus consultas, aclaraba sus consultas, etc. Lo invitaba para que fueran a comprar y lo único que comparaba eran libros. Entre los 13 y 14 años ya estaba leyendo a Simone de Beauvoir, lo que yo hice a los 30 años.

Durante su carrera de Filosofía se fue manifestando en forma más definida su interés por la política, lo que constituiría, con el tiempo, su objetivo más importante: luchar por lograr una sociedad más justa y más humana, sin abusos, discriminaciones o explotaciones. Es decir, llegó a ser una revolucionaria.

Paralelamente a sus luchas en pos de la libertad, la igualdad y la justicia, Lumita se realizó como madre a los 22 años y disfrutó a su pequeñito 3 años, hasta el fatídico golpe de estado de 1973.

Los psiquiatras han afirmado siempre que la pérdida más dolorosa es la del hijo. Cuando yo le pregunté a la psiquiatra que me estaba tratando una grave depresión por qué no podía superar la pérdida de Lumita me contestó que no se supera, sino que tenía que vivir con mi dolor.
Lautaro Videla, su hermano 

El pecado de El Mercurio en el crimen de Lumi Videla

Bastó que transcurrieran sólo algunas horas desde que la Corte de Apelaciones de Santiago confirmara el jueves la decisión de procesar a doce agentes de la disuelta DINA por el asesinato de la mirista Lumi Videla y su esposo Sergio Pérez, para que el hermano de la joven, Lautaro Videla, exigiera que la justicia que comienza a concretarse se traduzca también en una reparación de las heridas que, al conocerse el crimen, le provocaron dos medios de comunicación.

Con los recortes en la mano de dos caricaturas publicadas por El Mercurio y La Segunda en noviembre de 1974, Lautaro prueba cómo ambos medios se burlaron de que el cuerpo sin vida de Lumi haya terminado en los patios de la Embajada de Italia. Videla dice, simplemente, que “El Mercurio tiene que pedir perdón”.

Y su demanda se fundamenta en que el juez Alejandro Solís, que sustancia la investigación, refutó la tesis que enarbolaron entonces los servicios de seguridad del ex dictador Augusto Pinochet, que atribuyeron el crimen a los asilados que ocupaban la delegación diplomática y, en contraste, logró establecer que los agentes de inteligencia arrojaron allí el cuerpo de la víctima para encubrir el crimen, simulando un “homicidio entre marxistas”.

Pero en concordancia con la versión de la DINA; la caricatura elaborada por el famoso dibujante Lukas cataloga el lanzamiento del cadáver de Lumi al interior de la embajada como un circo internacional, graficándolo con un cañón que lanza el cuerpo hacia el recinto. “El fantástico número del proyectil humano disparado sobre los muros de una embajada”, es la leyenda del chiste publicado por el diario el jueves siete de noviembre de 1974, sólo tres días del brutal crimen.

La otra caricatura fue hecha para el diario La Segunda por el dibujante Fulano, y ésta muestra a una mujer que, con extremada despreocupación, barre restos humanos hacia el exterior de la Embajada de Italia.

Un rápido recuento histórico establece que entonces los directores de “El Mercurio” y “la Segunda” eran el premio nacional de Periodismo, René Silva Espejo, y el periodista Mario Carneyro, pero la propiedad del medio figuraba en las mismas manos que hoy, las de Agustín Edwards, y a él apela ahora Lautaro Videla para que se repare la memoria de su hermana.

¿Cuál es el grado de responsabilidad de la prensa en el encubrimiento del crimen?

– De una complicidad tremenda. A los tres días del crimen, este medio (El Mercurio) ya estaba comprometido con la versión oficial entregada por los organismos de inteligencia de la dictadura.

¿Y cómo se puede explicar esta actitud?

– La única excusa que pueden dar es que los medios de gobierno entregaban los antecedentes oficiales. Sin embargo, mi madre envió las pruebas que refutaban esa versión. Los representes del Estado italiano dijeron esa vez que mi hermana no estaba dentro de las asiladas. Ellos sólo escucharon la versión de la DINA.

¿Qué espera concretamente ahora?

– Yo quisiera que este diario pusiera en el mismo lugar donde se encontraba la foto irónica sobre la muerte de mi hermana, las disculpas por este acto atroz que nos hizo mucho daño. La muerte de Lumi fue ocupada por la dictadura como un símbolo para generar miedo en la población y así mantener las cosas a su manera.

Quiénes y por qué mataron a Lumi Videla y arrojaron su cuerpo en la embajada italiana de Santiago

Ex Embajador de Italia en Chile, Emilio Barbarani (“Chi ha ucciso Lumi Videla”, ed. Mursia, Milán, 2012) recuerda el Chile de los primeros años de la dictadura y revela entretelones inquietantes sobre el asesinato de la dirigente del MIR.

Era la madrugada del 4 de noviembre de 1974, una primavera agradable y placentera que contrastaba dramáticamente con el terror frío y ponzoñoso que invadía Chile donde la represión recrudecía y se había convertido en práctica común de la dictadura, cuando un grupo de asilados en la Embajada italiana de Santiago escuchó un ruido sordo en un extremo del patio.

NICCOLÓ ALDOBRANDINI.*

Al ir a ver se encontraron con un espectáculo macabro: el cadáver de una mujer con evidentes signos de tortura. Inmediatamente los asilados advirtieron al joven diplomático Enrico Calamai, que pernoctaba en la citada residencia, quien a su vez se comunicó de inmediato con las autoridades chilenas. Pocos días después Calamai abandonaría el país aquejado de una grave úlcera. (Tras su recuperación en Italia, en 1976 fue designado Cónsul en e Buenos Aires donde ayudó a expatriar a centenares de perseguidos de la dictadura del triunvirato compuesto por los tres jefes de las Fuerzas Armadas, Jorge Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti).

A raíz del alejamiento de Calamai, el único diplomático italiano que permanecía en Santiago era el embajador Tomasso de Vergottini, que ni siquiera tenía realmete ese status porque el gobierno italiano nunca reconoció a la dictadura chilena, era una función nebulosa, ya que no tenía rango diplomático, pero tampoco era turista.

En 1974 la prensa chilena adicta al régimen (por otra parte la única que existía) había descrito el homicidio de Lumi Videla como una reyerta, ocurrida en el interior de la residencia diplomática, durante una “orgías entre asilados”, versión que quedó totalmente descartada en la investigación judicial realizada por el magistrado Juan Araya, que estableció fehacientemente que la joven asesinada nunca estuvo en ese lugar en calidad de refugiada.

 


En esas circunstancias, sin pasaporte diplomático y con el enorme problema del cadáver lanzado al jardín de la Embajada otro joven diplomático, Emilio Barbarani, hasta ese momento designado en Buenos Aires, llega a Santiago los primeros días de diciembre de 1974, un mes después del descubrimiento del cadáver de la dirigente del MIR. La misión del diplomático termina en 1975, el año de los recuerdos que describe en su libro-memoria Chi ha ucciso Lumi Videla (Ed. Mursia, Milábn, 2012), ¿Quién mató a Lumi Videla? en castellano. Años después, en 1998, Barbarani volvería a Chile como embajador de Italia.

En sus memorias, Barbarani recuerda no solamente las tensísimas relaciones entre los refugiados (unas 250 personas, la mayor parte niños que, a raíz del episodio del cadáver estaban literalmente prisioneros en la residencia diplomática), sino sobre todo el terreno minado donde los diplomáticos italianos tenían que actuar, sobre todo en su relación con los servicios de Inteligencia chilenos (la DINA) en ese momento en lucha sin cuartel con otro de los servicios represores, el SIFA, el Servicio Secreto de la Fach.

Asimismo, el libro describe las relaciones personales (y amorosas) entre Barbarani y dos figuras femeninas fundamentales: una agente del SIFA, “Wanda”, (de la que no revela nunca el nombre verdadero, quien años más tarde moriría en Londres de un tumor al cerebro y quien le daría una inquietante clave de lectura acerca del crimen de Lumi Videla) y su polola “oficial”, la joven Paula Carvajal, hija del Almirante Carvajal, en ese momento canciller del gobierno militar. A Barbarani esta relación le abriría las puertas de la casa de uno de los máximos exponentes del gobierno.

En realidad el libro no pone en tela de juicio “quién mató a Lumi Videla”, sino que se interroga sobre “por qué la mataron” y, en particular las razones por las qué tiraron su cadáver al interior de la Embajada italiana, una provocación sin sentido ya que, a pesar de la mordaza imperante era imposible que la verdad, tarde o temprano no saliera a flote. Y eso fue lo que efectivamente ocurrió muchos años después.

Por el asesinato de Lumi Videla, el año 2006 fueron declarados culpables los generales retirados Manuel Contreras Sepúlveda, ex jefe operativo de la DINA y Maximiano Ferrer Lima; los brigadieres (R) Miguel Krassnoff y Christophe Willike; el coronel (R) Marcelo Morén Brito y el cabo (R) Basclay Zapata. En la última parte de las memorias (la más reveladora e inquietante) Emilio Barbarani recuerda la petición, de asilo político, a mediados de 1975, del agente del SIFA, “Daniel Ramírez Montero”, según el libro. En realidad se trata de Rafael González Verdugo, procesado como cómplice del homicidio del estadounidense Charles Horman, descrito en todo su dramatismo en la película “Missing”, de Costa Gavras. El agente fundamentó la petición de asilo a los italianos diciendo que estaba perseguido por la DINA, por haber denunciado la corrupción del “Coronel K”, en ese momento el segundo hombre de la DINA, de quién Barbarani nunca despeja la verdadera identidad, aunque es probable que se trate del en ese momento subdirector de la DINA, Mario Janh. Como en 1975 la residencia italiana ya estaba vacía, los diplomáticas, previas consultas con Roma deciden asilar a “Ramírez Montero” en las oficinas de la Cancillería italiana, y a partir de ese momento empieza una serie de amenazas telefónicas a Barbarani que podrían haber pasado a mayores. Incluso el libro revela que se logró desarticular (gracias a los buenos oficios de las “altas esferas” con quienes se vinculaba) un ataque de la DINA a la cancillería para secuestrar al desertor, que se había asilado con su mujer y su pequeño hijo.

Las amenazas de la DINA a Barbarani por haber acogido al agente del SIFA, enemigo del coronel “K”, se intensifican y este hecho persuade al gobierno italiano de la necesidad de trasladarlo. Su misión termina a fines de 1975 y a mediados de 1976 llega a Londres. En la capital británica encuentra a una antigua conocida, Wanda , que habría desertado del SIFA y que le cuenta lo siguiente: en realidad la denuncia de González Verdugo contra “K” no es por corrupción, sino por “alta traición” y “espionaje”.

Antes del golpe el “coronel K”, según Wanda, habría conocido a Lumi Videla y el militar le habría hecho algunas confidencias que ella habría pasado al MIR y éstos a su vez a los servicios secretos cubanos. Después del arresto, la joven habría confesado parte de las confidencias de “K” y por represalia la habrían asesinado. El hecho de tirar el cuerpo en la embajada italiana cumplía dos funciones, revela el libro: por una parte amenazar a los diplomáticos italianos para obligarlos a cerrar la embajada, la única abierta hasta ese momento, noviembre de 1974; por la otra enviar un mensaje a los miristas que estaban en en ella.

Cuando lanzaron el cadáver de Lumi se encontraba asilado en la Embajada Italiana uno de los dirigentes máximos del MIR, el médico Humberto Sotomayor, que había sido, sin embargo, expulsado de la organización, acusado de haber abandonado al herido Miguel Enríquez abatido el 5 de octubre de 1974 después de un tiroteo en su propia casa. Pero también en ese momento estaba en la Embajada la cuñada de Andrés Pascal, el nuevo jefe del MIR, que se había asilado con la menor de las hijas de éste, una niñita de alrededor de tres años: por lo tanto era probable que hubiese relaciones directas entre los miristas de la Embajada y la cúpula de esa organización.

Al final de sus memorias, Barbarani recuerda que poco tiempo después de haber llegado a Londres, y mientras González Verdugo todavía estaba en las oficinas de la cancillería, ya que las autoridades se negaban a darle el salvoconducto, leyó en la prensa inglesa una breve información sobre un accidente que habría tenido el coronel “K” (accidente totalmente comprobado): se le habría disparado “accidentalmente” la metralleta que tenía en el asiendo trasero del auto que desbandó, mientras su ocupante se había salvado por milagro. Poco tiempo después a González Verdugo le dan el salvoconducto y puede abandonar el país.

Curiosamente, la publicación del libro en Italia, que ha obtenido numerosas reseñas en este país, ha pasado inadvertido en Chile: ¿será quizás porque las trazas que Barbarani deja en su libro conducen más o menos directamente, como ya se ha señalado, al coronel retirado Mario Jahn?. Sobre esta situación la agencia italiana ANSA, reseñando el libro, escribe: “por el asesinato de la joven un tribunal condenó a seis personas, todas de la DINA, pero no al coronel “K” que hoy vive sin problemas en Santiago”.

__________

Los asesinos

 

 

Fallo primera instancia – Lumi Videla – 2007

Fallo Corte Apelaciones – Lumi Videla – 2008

Fallo Corte Suprema – Lumi Videla – 2009

 

 

 

 

 

 Fuentes

www.memoriaviva.com

https://www.rebelion.org/hemeroteca/chile/040407dago.htm

http://villagrimaldi.cl/noticias/quienes-y-por-que-mataron-a-lumi-videla-y-arrojaron-su-cuerpo-en-la-embajada-italiana-de-santiago/

http://cinechile.cl/pelicula-LUMI

 

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